Valentina y el mafioso

 Escribe aquí la frase de introducción o gancho del relato.


Valentina despertó con el sol golpeándole el rostro. Las cortinas estaban completamente abiertas. Se sentó en la cama, el corazón acelerado. Sabía que las había cerrado la noche anterior. La idea de que Dante hubiera entrado mientras dormía le provocó rabia, vulnerabilidad y una curiosidad cada vez más peligrosa.

En su habitación, Isabella ya estaba despierta y llena de semen. Dante la había follado duro en el baño esa mañana, corriéndose dentro de ella sin permitirle limpiarse. Todavía sentía su semen escurriéndose mientras bajaba al comedor. La guerra con Valentina continuaba con mayor intensidad, aunque más sutil. Isabella presumía . Valentina respondía con astucia,  Por dentro, Valentina sentía que su desprecio hacia Dante se estaba disolviendo. La rivalidad con Isabella se había vuelto mucho más fuerte que cualquier otro sentimiento.

Al mediodía, Dante llevó solo a Valentina a un bar de su propiedad para ver la semifinal. La joven Isabella ardía de frustración sabiendo que Valentina mostraba entusiasmo solo para martirizarla.

Sin embargo, durante el partido Valentina se relajó de verdad: gritó, rio y disfrutó. Tomtó algunas cervezas que Dante le dio y cuando su equipo ganó, regresaron conversando y riendo con naturalidad.

Dante observaba todo con satisfacción calculadora. Sabía que Valentina estaba bajando la guardia y que Isabella sufría con cada mensaje que él le enviaba.

Por la noche, Dante recibió una invitación para ver la final. Valentina, con valor alcohólico, le pidió que la llevara. Él aceptó, consciente de sus intenciones.

Toda la tarde Valentina se comportó como si fuera la esposa de él, todas las personas presentes le mostraban mucho respeto.

Volvieron a casa en la noche, ambos estaban con unos tragos encima, al rato Dante tomó a Valentina de la mano y la llevó directamente a su habitación. Isabella, en la suya, escuchaba todo con el corazón apretado.

Dante cerró la puerta y empujó a Valentina a la cama, se arrodilló frente a Valentina. Le subió el vestido y le bajó las bragas.

—¿Quieres que te coma el coño? —murmuró.

Valentina dudó solo un segundo. La disputa con Isabella era más fuerte que su orgullo. Quería ganar.

—Si Dante cómeme el coño, soy tuya— dijo para que Isabella escuchará.

Dante acercó su boca a su vagina virgen y comenzó a devorarla con maestría cruel. Su lengua recorrió sus labios, chupó su clítoris y penetró en ella.

—Mírate… tan mojada —dijo con voz ronca—. Isabella todavía lleva mi semen de esta mañana dentro de ella, y yo estoy aquí, comiéndote a tí que va a ser mi reina.

Valentina gimió, agarrándole el cabello.

—Dime a quién pertenece este coño —ordenó Dante.

—A ti… —susurró ella.

—Más fuerte —gruñó, chupando con más intensidad—. Quiero que Isabella escuche cómo te hago mía.

"—Más fuerte —gruñó, chupando con más intensidad—. Quiero que Isabella escuche cómo te hago mía"


—¡Es tuyo, Dante! ¡Te pertenece a ti! —gimió Valentina más alto.

Dante la devoró sin piedad, lamiendo y chupando hasta llevarla al límite. Valentina se corrió con fuerza, temblando violentamente y gritando como nueva puta, sabiendo que Isabella lo escuchaba todo.

En su habitación, Isabella apretaba los muslos, sintiendo todavía el orgasmo por su masturbación y el semen de Dante dentro de ella, consumida por los celos y una excitación retorcida.

Cuando el orgasmo de Valentina bajó, ella quedó tendida en la cama,, con una sonrisa de victoria. Dante se levantó, satisfecho. Isabella, sola, se quedó con la respiración agitada, el coño empapado y el corazón en guerra.

Las dos mujeres, cada uno en su lugar, sentían las consecuencias físicas y emocionales del placer y la rivalidad.

Este es un fragmento del libro EL CARTEL DE LA LUJURIA 

Por: Camile


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