Mi jefe (3ra parte)
Ahí estaba presionada contra esa pared de cristal, sacando culo y buscando placer.
Ya tenía varios días en los que me retrasaba en mis labores de secretaria a propósito con la intención de quedarme hasta tarde porque sabía que mi jefe se aprovecharía que estábamos solos para culiarme, si bien nuestros primeros encuentros no fueron planeados (al menos por mí) los últimos si lo fueron.
Por eso aquel día me decidí a ponerme una vestimenta con intención de provocarlo abiertamente y demostrarle así que está dispuesta a ser follada por el cuando a el se le antojara.
Mi jefe, el señor Ruiz, tenía 38 años y un cuerpo que parecía esculpido para follar. Yo, Ana, 22 recién cumplidos, era su nueva secretaria , la que todos miraban cuando caminaba por el buffet con mi falda ajustada y mis tacones resonando en el pasillo. Llevaba tres semanas disfrutando que me partiera en dos y me llenará de leche sobre su escritorio.
Era viernes, 8:47 p. m. lo recuerdo claramente en el buffet todavía quedaban algunos empleados, yo quería que ya se fueran, sabía que estaba de malas y algo me decía que si me cogía cos toda esa rabia yo lo disfrutaría mucho
Cuando entré a su despacho con unos informes cerró la puerta del despacho con llave. El clic me mojó al instante, sin embargo sabía que me tocaba esperar a que todos se fueran , o al menos eso pensé.
—Ana, ven aquí —ordenó, con voz grave, sin mirarme. Estaba de espaldas, quitándose la corbata.
Me acerqué temblando. Él giró, me agarró la nuca y me estampó contra la pared. Su boca devoró la mía sin pedir permiso. Mordió mi labio inferior hasta que gemí.
—¿Te gusta que te trate como puta, verdad? —susurró contra mi oreja, metiendo la mano bajo mi falda.
—Sí, jefe… pero por favor espere que aun quedan algunos empleados—rogué, pero a el no le importó.
us dedos apartaron mi tanga y se hundieron en mi coño sin preámbulos. Dos, luego tres. Los movía rápido, curvándolos, golpeando ese punto que me hace perder la cabeza.
"—Mírate, chorreando como una perra en celo —dijo, lamiendo mi cuello—.¿Cuánto tiempo llevas disfrutando de mi verga ? "
—Desde el primer día —jadeé, aferrándome a su camisa.
Me giró de golpe, cara a la pared. Me bajó la falda y la tanga hasta los tobillos. Escuché la cremallera. Su verga dura rozó mi culo, caliente, gruesa, venosa.
—Separa las piernas, zorra.
Obedecí. Me agarró las caderas y me penetró de una estocada. Grité. Me llenó por completo, estirándo mi recto hasta el límite. Empezó a bombear, lento al principio, luego salvaje. Cada embestida me aprisionaba contra la pared.
—Así, zorrita… toma toda mi polla —gruñó, dándome nalgadas que ardían.
—Despacio , jefe… que me está rompiendo en dos—supliqué,pero mi cuerpo en contra de mi voluntad estaba empujando hacia atrás.
Me levantó una pierna, abriéndome más. Entraba hasta el fondo, sus huevos chocando contra mi clítoris. El sonido era obsceno: carne contra carne, mis jugos chorreando por mis muslos.
—Vas a correrte cuando yo te lo diga, ¿entendido?
—Sí… sí, jefe…
Aceleró. Me follaba como si quisiera marcarme. Sentí el orgasmo subir, incontrolable.
—Ahora, puta. Córrete en mi polla.
Exploté. Mi culo se contrajo alrededor de él, chorros de placer me sacudieron. Grité su nombre como a él le gustaba. Él no paró, me siguió follando hasta que sus embestidas se volvieron incontrolables.
—Dentro… quiero su leche dentro —rogué.
Gruñó, se hundió hasta la base y se vació. Caliente, espeso, llenándome. Sentí cada pulsación.
Se retiró lentamente. Su semen corría por mis piernas. Me giró, me besó con fuerza.
—Límpiala con la boca —ordenó, señalando su polla aún dura.
Me arrodillé. La lamí entera, saboreando mi jugo mezclado con su corrida. Chupé la punta, tragando lo que quedaba.
—Buena chica —dijo, acariciándome el pelo—. El lunes repetimos.
Sonreí, con la boca llena de su sabor.
—Como ordene, jefe.- sonreí
Al salir note las miradas de quienes permanecían el el buffet, sabía que al siguiente día todos sabían lo que sucedió, y no me importó.
Por: Luna
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